Guerra en Ucrania y personas mayores

Todo el mundo está expectante ante la invasión de #Rusia contra #Ucrania, día a día vemos cómo se ha ido intensificando el conflicto y cómo los derechos humanos están en un estado de fragilidad propio del una guerra. 

Después de una sesión psicológica que tuve con una mujer mayor, decidimos como equipo que es necesario abrir este espacio para hacernos algunas reflexiones, que queremos compartir en nuestro Blog para explayarnos y declarar con fuerza que toda vida es valiosa, independiente de la edad, género, lugar de origen, raza y circunstancia.


Como sabemos, la enemistad entre Rusia y Ucrania lleva varias décadas, por tanto, se tienen antecedentes claros del impacto que puede generar en la vida de sus ciudadanos y del mundo en general. Frente a ello, el conflicto en Ucrania del año 2014, según Justin Derbyshire, director ejecutivo de HelpAge International, generó una “devastación en las comunidades, destrozando la salud física y mental de las personas. Esto no puede repetirse y hay que encontrar una solución pacífica urgente si se quiere evitar una catástrofe humanitaria”.

Pero también como sabemos la guerra no discrimina y extermina todo a su paso, sin embargo, hay grupos de personas que se ven en situaciones de mayor riesgo. La cita que dejamos en el post en nuestras redes sociales, es de una entrevista que hicieron a Victoria Panchenko, directora de HelpAge Ucrania, en la que expone de forma preliminar la situación que están viviendo personas mayores en dicho país.

En Ucrania un número aún desconocido de personas mayores puede sufrir las consecuencias de este conflicto. Sin embargo, en HelpAge Ucrania, señalan que tienen un catastro de las personas mayores que se encontraban ya en un estado de mayor precariedad, y que a pesar de que no han podido comunicarse o llegar a todos ellos, se tiene ese dato que no es menor, para centrar los esfuerzos.

Los hechos traumáticos de la guerra actual, no solo ponen en riesgo la vida y bienestar de quienes las presencian, sino que en términos de su salud mental provocan un estado de alerta extremo, ansiedad, temor, angustia, insomnio, etc, los que en una gran cantidad de casos generaran a lo menos un estrés post traumático de diversa gravedad (para profundizar haz click aquí.) Junto con ello, el estar expuesto a estas situaciones traumáticas, se activa el recuerdo y se reviven otros eventos de alta complejidad experimentados durante la vida, este signo de estrés post traumático, se identifica por ejemplo, en un relato de una persona mayor, quien señaló a HelpAge: «Tengo miedo de que sea como en la guerra [la Segunda Guerra Mundial]. Tenía cinco años cuando empezó la guerra y recuerdo cómo los vehículos militares pasaban por la calle. No había nada que comer. Teníamos que comer hierba”.

Por lo que desde ya, la salud mental de toda la población ucraniana está frágil y con gran alto riesgo de quebrarse.

Una investigación llevada a cabo por HelpAge en Ucrania tras el conflicto de 2014, pone de manifiesto los riesgos particulares a los que se enfrentarán las personas mayores si el conflicto se intensifica, algunos de ellos son:

  • Dificultades para escapar o evitar los combates, lo que les llevará a separarse de sus familias y a la exclusión social y el aislamiento. La gran mayoría (96%) de las personas mayores encuestadas experimentaron problemas de salud mental relacionados con el conflicto.
  • Riesgo de grave escasez de ingresos, ya que casi todas las personas mayores afectadas (99%) dependían de una pensión como principal fuente de ingresos, que puede verse alterada si no pueden acceder a los puntos de pago.
  • Falta de acceso y dificultad para costear la asistencia sanitaria. El 97% de las personas encuestadas tenía al menos una enfermedad crónica, y no poder acceder a la asistencia sanitaria representa un problema importante.
  • Malas condiciones de vida y falta de apoyo a las personas con discapacidad. Más de la mitad (53%) de las personas mayores declararon necesitar dispositivos de ayuda, como andadores, bastones y sillas de baño.

Mujeres mayores y su postura ante la guerra Rusia-Ucrania

Como no hay una forma de envejecer y las vejeces son sumamente diversas, mas que en cualquier otra etapa del curso de vida, por lo mismo no podemos homogenizar y pensar que todas las personas mayores son frágiles, vulnerables y que están a merced del conflicto. Es verdad que muchas de ellas están en situación de mayor vulnerabilidad debido a estados de fragilidad y dependencia, pero ya sabemos que no todas las personas mayores tienen esa condición. Además, toda la población está en riesgo.

Para mostrar esa diversidad, me gustaría dar a conocer que también hay personas mayores que han tenido otras formas de afrontar este conflicto. Para mostrar esa diversidad les presento 3 casos de mujeres mayores que han tomado una posición diferente, para dar a conocer su opinión y posición frente a la guerra, pero todas buscan lo mismo el cese de esta y la paz entre los países.

El primero de esos casos y el mas conocido, es el de Yelena Osipova de 80 años, superviviente de la Segunda Guerra Mundial, quien se unió el 2 de marzo de este año a una manifestación en San Petersburgo. En el video siguiente se le observa tranquila y a la vez decida de exponer sus carteles con su llamado fin a las armas nucleares al rededor del mundo y la paz en Ucrania. A pesar de su pacífica manifestación fue arrestada por la policía rusa junto a 350 personas que estaban en ese lugar y que suman más de 7000 en todo Rusia. Importante mencionar, que frente a su intervención los medios han hablado de «anciana», «conmovedor video», «frágil mujer», «pobre abuelita»…

Fuente: eldiario.es

Pero, ¿quién es Yelena Osipova? es una artista y activista rusa que nació en el año 1942 en San Petersburgo en plena 2da guerra mundial, entre medio de tropas, asedios nazis y balazos. En su adultez estudió arte, una de sus obras más conocidas se llama «Russia is a bird, not a bear».

«Russia is a bird not a bear»

En un medio ruso llamado Russian Reader, Yelena señaló que el 2015 fue su primera exposición, ante esto el medio menciona «She has never been a member of any artist unions and groups, but she has stood outside in the rain, frost, and heat at nearly all the protest rallies that have taken place in Petersburg in recent years» (Nunca ha sido miembro de un unión o grupo de artistas, pero si ha estado bajo la lluvia, en el fio y calor cerca de todas las protestas qu han tomado lugar en San Petersburgo en los años recientes).

Yelena Osipova 2015, con sus poster Moms of the world against atomic energy,” and “Ukraine, forgive us: we let it happen.”

Su obra contiene una profunda sensibilidad y se ampara en la expresión artística que refleja los grandes dolores de la humanidad, entre ellos la injusticia, los crímenes, advirtiendo los peligros y empatizando con el dolor de víctimas de ataques terroristas, desastres naturales y violaciones a los derechos humanos. Ella misma se define como una artista y educadora, y que ha formado 3 escuelas de arte desde cero.

Tanto con su arte como con su activismo, Yelena se ha mantenido siempre en contra la guerra, y protestando contra ella, por lo que fue detenida en varias ocasiones a lo largo de su vida. Ante su tenaz e histórico activismo, queremos destacar algunas de sus frases:

«La gente que va a esas protestas piensa como tú, y eso es muy importante. Sientes que no estás solo con tus pensamientos, que hay otras personas que piensan de la misma manera».

«Lástima que la sociedad se resignó desde el principio y no se opuso a estas leyes. Después de todo, podrían haber resistido y salido a la calle, pero, lamentablemente, cuando la gente ha comenzado a vivir mejor, se vuelve indiferente”.

Según las encuestas, al menos el 24% de la población ucraniana está decidida a empuñar un arma en caso de invasión, y esto debido al discurso de ofensiva que ha tomado el Presidente de Ucrania Zelenski, desde que instaló la Ley Marcial mediante la cual cual todos los civiles se convierten en militares, sometidos a las leyes propias del estatuto. Frente a este llamado de «unirse a defender la patria», en el cual se integran civiles sin la experiencia ni formación, es lisa y llanamente un riesgo propiciado por el mismo gobierno.

Es así, como se han formado en las tropas y con gran convicción, principalmente hombres jóvenes, pero también personas mayores, y sí, también mujeres mayores, entre ellas, está Kateryna y Valentina, a quienes se les ve en las siguientes fotografías.

Kateryna Bilyk ucraniana de 68 años, decidió integrarse al ejercito ucraniano, señalando «Quiero ser un ejemplo para mostrar a los jóvenes que sin importar la edad, uno puede marcar la diferencia y es por eso que me ofrecí como voluntaria». Fuente larazón.es
Valentina Constantinovska, de 79 años, quien dijo a un medio “Estoy de acuerdo en disparar. Si hay algo, entonces defenderé mi casa, mi ciudad, mis hijos. Haré esto porque, ya sabes, ya maduré la ciudad” The Times

Consumo de información y resguardos para nuestro autocuidado

Junto con la situación que están viviendo las personas mayores en Ucrania, está la de todas las personas del mundo que estamos observando la guerra. Ante ello, en Espacio Reconto, recomendamos considerar algunos aspectos:

Es importante informarse e informar a otros, pues en una situación como ésta tenemos el derecho a saber qué ocurre en nuestro al rededor y así podemos tener nuestra opinión, tomar postura, dialogar y compartir nuestras inquietudes, reflexiones y malestar con otras personas. Pero, también es importante seleccionar aquella información y que cumpla con criterios de calidad, no sobre exponernos y buscar diferentes líneas editoriales tras los medios, sino nos exponemos y estamos en riesgo de caer, en lo que se llama Guerra Psicológica.

La Guerra Psicológica «busca, por un lado, paralizar al adversario, derrotarlo antes de que siquiera entre a combatir y, por otro lado, ganar las «mentes y los corazones» de las personas que no se piensa aniquilar». Para leer en profundidad haz click aquí

Para evitar caer en esta guerra psicológica y tomar resguardos para cuidarnos, recordamos y compartimos algunos consejos de nuestro equipo, basándonos en un reciente artículo de la BBC, respecto a las noticias y fakenews:

Tomémonos un minuto y pensemos. No creamos la noticia ni compartamos el texto de inmediato. Filtremos información y tomemos tiempo de descanso, no es necesario estar todo el día viendo o escuchando noticias que son tan duras, si no trabajamos en ello, es bueno tomar pausas y realizar nuestras actividades habituales.

En el caso de los mensaje que corren por whatsapp, debemos ser muy cautelosos, y averiguar siempre con el remitente de dónde obtuvo la información, sino, podemos corroborarla nosotros mismos por internet. Lo mismo respecto a los mensajes en facebook, así como otras redes sociales como twitter.

Si nos genera mucha ansiedad, angustia, preocupación una noticia o acontecimiento al que estamos expuestos, mejor tomar un descanso y conversarlo con personas de nuestra confianza. La pausa y el filtro también nos ayudan.

Que recomiendan los expertos:

  1. Leer la noticia entera, no solo el titular.
  2. Averiguar la fuente.
  3. Buscar el titular en Google si causa duda o desconfianza.
  4. Buscar los datos que se citan.
  5. Verificar el contexto, por ejemplo la fecha de publicación.
  6. Preguntar a quién mandó la noticia de quién la recibió.

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Día de la Salud Mental, 10 de octubre

Por Bertha Ochoa, psicóloga Espacio Reconto

El 10 de octubre de cada año se celebra el Día Mundial de la Salud Mental, un día en donde organizaciones, gobiernos y profesionales en diferentes partes del mundo unen esfuerzos por evidenciar los logros, los alcances y la importancia de la salud mental en la población, sin embargo, es necesario evidenciar la urgencia de las necesidades que representa la falta de salud mental en personas de todas las edades.

La Organización Mundial de la Salud (OMS, 2020) define la salud mental como “un estado de bienestar en el que la persona realiza sus capacidades y es capaz de hacer frente al estrés normal de la vida, de trabajar de forma productiva y de contribuir a su comunidad”, de acuerdo con la Organización de Naciones Unidas (ONU, 2018), la salud mental es un derecho humano. Hoy más que nunca el tema de salud mental esta sobre la mesa, esta presente en las agendas y en las prioridades de la mayoría de los gobiernos de diferentes países del mundo, esto como consecuencia de la Pandemia por COVID-19, si algo vino a evidenciar la pandemia fue la importancia de estar bien con nosotros mismos y los demás.

Sin embargo, hay una brecha importante y sobre todo alarmante entre la salud física y la salud mental, ya que en ningún país del mundo hay una igualdad entre estas disciplinas, si consideramos la práctica profesional, presupuesto, educación, espacios y promoción de las mismas, la salud mental sigue siendo olvidada, rezagada e invalidada.

Es importante recordar que una persona se suicida cada 40 segundos alrededor del mundo, cerca de 1000 millones de personas viven con un trastorno mental. Hoy 10 de octubre es un buen día para unir esfuerzos a nivel global y recordar que sin salud mental no hay salud, no tener salud mental nos puede imposibilitar de ir a la escuela o a trabajar, no tener salud mental significa no reconocer y manifestar nuestros sentimientos, no poder interactuar con los demás, no disfrutar la vida, no estar satisfechos con nosotros mismos, entre muchas cosas más.

En la medida de que vamos envejeciendo estos derechos no se pierden, la salud mental es uno de ellos.

Lo único que sé es que cualquier persona que quiera puede mejorar su bienestar

Carl Rogers

¿Sabías que la OMS diseñó un Plan de acción sobre salud mental para ser difundido e implementado entre el año 2015-2020? Te invitamos a conocerlo.

Columna de opinión. Residencias para personas mayores, COVID y derechos humanos. Autora Patricia Pinto. Jun 2020

04 de mayo 2020

Antes de comenzar, quiero decir que escribir esta columna me ha sido muy difícil. Pensaba que tal vez no encontraría las palabras para dimensionar lo complejo que debe ser para las personas mayores residentes, los equipos de trabajo y los familiares, estar viviendo la crisis sociosanitaria más grave de la época moderna, siendo, además, la que ha impactado de manera tan desgarradora a este grupo. Ante esta realidad, la Organización Mundial de la Salud ha identificado a las personas mayores que viven en estos centros como una población vulnerable que tiene un riesgo mayor a la infección, debido a la convivencia con otros que no son sus familiares (OMS, 2020).


El impacto, gravedad y letalidad del contagio del COVID-19 en las residencias, comenzamos a presenciarlo mediante los medios de comunicación internacionales, los que aludían a la gran cantidad de personas mayores contagiadas en estos centros habitacionales. Según datos recientes, se estima que se han registrado más de 16.000 fallecidos por esta causa, y esto, sólo en residencias de personas mayores en España (BBC, 2020).


Frente a esta lamentable situación, las críticas han sido principalmente dirigidas a la falta de información y mala gestión de las autoridades, así como a las medidas insuficientes en torno a esta población altamente vulnerable. A la vez, se cuestiona el manejo de los equipos intraresidenciales, se menciona por ejemplo, la escasa claridad de la información respecto al estado de salud de los residentes, llegando en algunos casos, a no informar a los familiares sobre fallecimiento de sus parientes, de esta manera se vulnera una gran cantidad de elementos esenciales de derechos humanos que se indica según organismos internacionales, que deben estar presentes en los servicios de cuidado a largo plazo, como se observa en la siguiente gráfica:

De manera paralela se han ido conociendo paulatinamente algunos testimonios de integrantes de equipos de residencias, quienes también interpelan, destraban malas prácticas y refieren los altos niveles de angustia, estrés, cansancio, incertidumbre y desorientación experimentados durante este periodo, demostrando así el impacto gravísimo a nivel de la salud mental de los residentes y equipos, sin dejar de incluir el temor a ser contagiados y la sensación de que están arriesgando sus familias y vidas por su trabajo.

La pandemia y su impacto en las personas mayores institucionalizadas, el caso chileno
Las estadísticas de los casos confirmados de coronavirus y de las muertes asociadas no solo han aumentado, sino que han ido al alza día tras día. Al día de hoy, martes 3 de junio del 2020, el Ministerio de Salud anunciaba que se han pesquisado y confirmado 21.605 personas que presentan el virus y que, a la fecha, han fallecido 1.275 bajo la misma premisa, siendo una curva de rápido ascenso, que aún no muestra llegar a su pick. Respecto al grupo etario que ha sido más impactado en nuestro país es la población de los 25 a 54 años donde se encuentra el 62,3% de las personas contagiada. Por su parte, las personas mayores, que van de los 60 años en adelante, cubren el 14,6% de la población contagiada. Algunos dirán que no es preocupante ese porcentaje, sin embargo, según lo extraído del Informe Epidemiológico n° 22 del Ministerio de Salud del 1 de junio de este año (MINSAL, 2020), a pesar de que las personas mayores no son el grupo etario con mayor número de contagios, el problema está en que este grupo presenta la tasa más alta de hospitalización, por tanto de complejidad del cuadro, además, son los hombres mayores quienes presentan más riesgo de hospitalización e incluso doblan la tasa en relación a las mujeres. Considerando estos datos, las personas mayores presentan un riesgo más alto de letalidad.

¿Y qué pasa con las personas mayores en residencias de larga estadía? Hemos visto, al igual que ocurre en otros países, y esperemos no lleguemos a los números de España, ha ido en aumento la cantidad de personas mayores contagiadas con COVID-19. Hace un poco más de una semana, la SEREMI de Salud convocó a una reunión de emergencia a representantes de SENAMA, de la Agrupación de ELEAM y de otros departamentos técnicos del MINSAL, con el objetivo de revisar la situación de estos centros, los que al 25 de mayo contaban con 137 brotes de COVID-19 al interior de sus instalaciones (SEREMI, 2020).

La situación es sumamente crítica, en los 419 ELEAM formalizados, es decir, que cuentan con autorización sanitaria y que suman 4.000 residentes, el 20% de esas personas mayores (¡801 personas!) han contraído el virus. Además, según información de La Tercera del 29 de mayo, el 22,1% de los decesos de la región metropolitana fueron de personas mayores institucionalizadas (La Tercera, 2020).

Durante el periodo de pandemia, la SEREMI ha fiscalizado a cerca de 200 ELEAM, es decir, sólo el 48% de los 419 centros con autorización, de los cuales ha iniciado 112 sumarios sanitarios, por tanto, se han encontrado deficiencias sanitarias en un 60% de los centros fiscalizados. Las principales faltas son: la ausencia de Director Técnico, escases de personal y falta de supervisión en uso y disposición de equipo de protección personal, como mascarillas, batas y otros. Importante destacar que tanto los brotes de COVID como los sumarios, han ocurrido en todo tipo de residencias, sean públicas o privadas. Esto fue presenciado en un inicio en residencias en Ñuñoa, Puente Alto y luego se han pesquisado nuevos en focos en distintas comunas y ciudades de nuestro país.

Lamentablemente estos datos tan alarmantes, corresponden sólo la información oficial, a la que podemos acceder, pensemos y les traigo a la mesa un documento del Instituto Nacional de Derechos Humanos, quienes el 2018 presentaron una radiografía de los ELEAM en Chile, mencionado que del 2012 al 2018, se registraron a lo largo de Chile 1.024 denuncias relacionadas con los ELEAM, entre ellas se menciona que a esa fecha, de los 717 establecimientos de larga estadía, 457 funcionan de forma clandestina, donde más del 90% se concentra en la Región Metropolitana. Además, se realizaron diversas denuncias, 119 por maltrato, 80 por déficit en condiciones sanitarias, 23 por falta de cuidados y las otras denuncias fueron por déficit en el recurso humano o infraestructura deficiente (INDH, 2018). En síntesis, se puede asegurar que aproximadamente existen entre 400 a 500 ELEAM clandestinos, sin autorización, no regulados y, por lo tanto, no fiscalizados. Lo que ocurre al interior de dichos espacios seguirá siendo una incógnita, hasta el día que existan denuncias respecto a su funcionamiento y el estado de salud de las personas mayores y de los equipos de trabajo.

Junto con esa cruda realidad que queda a la penumbra, existen otras experiencias de equipos de ELEAM de trabajan con el interés genuino de ofrecer una buena calidad de la atención, de realizar acompañamientos terapéuticos interdisciplinares, en donde fluyen las ideas innovadoras, el anhelo de un trabajo en equipo, la implementación de acciones y actividades que promuevan el buen trato y el respeto a los derechos humanos de los residentes. Y sé de primera fuente, que en ambos espacios se ha hecho todo lo humanamente posible para evitar los brotes de contagio e intentar a toda costa que esto genere un desmedro en la calidad de vida, lo que es sumamente difícil y en momentos imposible.

Y esta última, es la experiencia que tuve en los dos centros de larga estadía en los que trabajé y por eso me duele tanto seguir viendo noticias que muestran acciones negligentes en las que se vulneran derechos, sea por desconocimiento o con alevosía.
Volviendo a la importante reunión convocada por la SEREMI, en ella participó Mario Melin, vocero de los ELEAM de la Región Metropolitana, quien describió cómo han enfrentado la crisis del COVID-19, señalando que “ha sido un trabajo duro, ya que los ELEAM no estábamos preparados para una pandemia” (SEREMI, 2020).

Es verdad, ¿qué organismo pudo prever la rapidez y tan alta tasa de contagio?, ¿quién o quiénes pueden estar preparados para enfrentar una catástrofe de esta envergadura?, ¿con qué recursos tanto internos a las residencias como del intersector pueden dar cabida a la cantidad y gravedad de los casos?, y junto con esto, me pregunto también, ¿los familiares siempre están al tanto de los protocolos de acción dentro de las residencias, estaban en contacto con su madre, padre o abuelos/as, los visitaban, acompañaban?, ¿cuántos profesionales y técnicos, entre ellos mis colegas psicólogos/as se forman y quieren dedicarse al trabajo con personas mayores y trabajar en una residencia?, ¿cómo los grandes empresarios y directivos de las fundaciones no pensaron que el formato actual de residencias, que incluye más de 70, 100 o 200 personas por casa, no podría ser un foco no sólo de contagio, sino un formato irreal de hogar?.

Todas y muchas otras preguntas resuenan en mi cabeza, a propósito de mi experiencia en una pasantía que hice en una residencia pública en Barcelona hace 4 años, y luego en mi trabajo como psicóloga en una residencia de larga estadía en Santiago de Chile durante casi 3 años años, labor que terminé hace unos meses y semanas antes del inicio del COVID. Sin saberlo, es probable que haya sido la ultima vez que haya visto a los ojos a tantas de las queridas personas mayores que conocí en dichos espacios. Y eso duele, se me aprieta el corazón al recordar todos los espacios de encuentro que fomentamos y que hoy son imposibles de realizar. Muchos recuerdos de mis días de trabajo en ambas residencias se han venido a mi mente durante estos días, los recuerdo vívidamente, a propósito de tantas noticias, de tantas malas noticas, que veo y escucho a diario en relación al impacto del coronavirus en las personas mayores que viven en residencias.

Destaco y pongo el acento justamente en la transversalidad de la responsabilidad y sin ánimo de encontrar culpables, sino de hacernos a todos y a todas responsables de la exclusión, discriminación, abandono e incluso deficiente calidad de la atención que se ha brindado a este grupo etario y que, nos duela o no, hemos promovido y no hemos querido ver. Con esto me refiero principalmente al contexto chileno, donde desde la más alta autoridad hasta el ciudadano/a común como cada uno de nosotros y nosotras, ha dejado a nivel de desecho de la sociedad a las personas mayores. Puede que sea crudo leerlo, pero es verdad y tu lo sabes, porque lo has visto y no has reparado en ello. Si no lo crees, te cuento que el mismo Servicio del Adulto Mayor -SENAMA- el año pasado mencionaba: las personas mayores son constantemente y siguen siendo vulneradas en sus derechos fundamentales, primando situaciones de abandono, maltrato psicológico y abuso patrimonial (SENAMA, 2019). Por lo mismo, y tal vez me duela decirlo, pienso que hemos creado una sociedad que favorece que las personas mayores sean un grupo invisible en relación a sus necesidades. Y por su parte, la crisis sociosanitaria del COVID viene a complejizar cada uno de los ámbitos de la persona mayor, incluyendo la precariedad en la que vive la mayor parte de ellos y ellas.

A la fecha, habrá cambiado escasamente esta realidad en relación a las deficiencias técnico, clínicas, administrativas de los ELEAM, los que hoy reflejan la crisis de las residencias de larga estadía y la urgencia de replantearnos como sociedad cómo y dónde queremos que vivan las personas mayores, dónde ellos y ellas quieren vivir y más aún, dónde y cómo queremos vivir nosotros y nosotras en el futuro cuando seamos mayores. Y con esta reflexión, no quiero estigmatizar ni tildar de negligentes a los equipos de los ELEAM, de hecho, he sido parte de ellos en dos residencias, conozco y he vivido la alta exigencia, la gravedad de situaciones a nivel de salud, relaciones y dinámicas interpersonales entre los residentes y del equipo. En varias oportunidades me dediqué a escuchar y contener cuidadoras de adulto mayor, quienes a pesar de la experiencia y conocimiento se veían sobrepasadas. A su vez, se demandaban por pate de los equipos, mayores recursos, así como espacios de formación, autocuidado y trabajo en equipo, los que como sabemos están en deudas en todos los ELEAM.

Por lo mismo, reitero mis palabras no son para apuntar con el dedo, sino como lo he mencionado a lo largo de esta columna, es un llamado de conciencia y responsabilización a nivel individual, comunitario e institucional. La crisis de las residencias no comenzó con la pandemia del coronavirus, se inició hace décadas, y como tantas otras demandas sociales tan relevantes, la dejamos guarda en un cajón, promoviendo así la vulneración de derechos de las personas mayores.

Para finalizar y reflexionando en torno a este escenario, hoy más que nunca debemos interiorizar el llamado de la OMS (2020), quien destaca que hay que garantizar que las personas mayores, independiente de su lugar de vivienda, sean protegidas de COVID-19 sin estar aisladas, estigmatizadas, dejadas en una situación de mayor vulnerabilidad o sin poder acceder a las disposiciones básicas y a la atención social. Hoy tenemos esa oportunidad.

Referencias
– BBC. (2020). Noticias internacionales. Coronavirus en España | «Murieron en silencio y solos”: la indignación de los familiares de los fallecidos en residencias para ancianos. Extraído de https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-52509480
– CEPAL. (2000). Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales. “El derecho al disfrute del más alto nivel posible de salud”, Observación General N° 14 (E/C.12/2000/4), Nueva York, Consejo Económico y Social.
– Instituto Nacional de Derechos Humanos -INDH-. (2018). Derechos de las personas mayores y obligaciones del Estado: situación de los niveles de cuidado entregados por establecimientos de larga estadía. Chile
– Metropoli Abierta. (2020). Residencia gracia muertos críticos coronavirus. Extraído de https://www.metropoliabierta.com/el-pulso-de-la-ciudad/residencia-gracia-muertos-criticos-coronavirus_26471_102.html
– MINSAL. (2020). Informe epidemiógico n° 22 Enfermedad por SARS-Cov2 (COVID-19). Chile 1 de junio 2020.
– OMS. (2020). Coronavirus disease 2019 (COVID-19), 17 March 2020.
– SEREMI. (2020). SEREMI de Salud RM convoca a reunión de emergencia para revisar la situación de ELEAM. Extraído de https://seremi13.redsalud.gob.cl/seremi-de-salud-rm-convoca-a-reunion-de-emergencia-para-revisar-la-situacion-de-eleam/

Declaración Pública GeroActivismo sobre Femicidio de Carmen del Pilar Toro Durán, Chile. May 2020

Comparto la declaración que hicimos el 28 de mayo del 2020 desde Fundación Geroactivismo, para alertar y visualizar el femicido de Carmen del Pilar Toro Duran, persona mayor asesinada a sus 68 años. Por Agnieszka Bozanic, Patricia Pinto y María José Ron de Agrupación Geroactivismo

-Menos edadismo más GeroActivismo y más GeroFeminismo-

En estos tiempos de pandemia, la violencia de género se ha incrementado considerablemente. El confinamiento doméstico impone una proximidad física permanente con el agresor y propicia el riesgo de violencia, su gravedad y reiteración. El 70% de las llamadas de emergencia han correspondido a casos de violencia contra mujeres, según el Ministerio de la Mujer.

En este contexto, como Fundación GeroActivismo no queremos dejar pasar la oportunidad de visibilizar el brutal femicidio de Carmen del Pilar Toro Durán, mujer de 68 años, ataque perpetrado el 21 de mayo en la comuna de Coronel. Este dramático hecho es de conocimiento público, sin embargo, no ha recibido la suficiente condena o visibilización, como sí ha ocurrido con otros casos de niñas o mujeres jóvenes, que han sido igual de lamentables y repudiables, pero han tenido una alta connotación pública.

Expresamos nuestro total repudio a la golpiza, violación y posterior asesinato de Carmen que responde a la más vil de las violencias machistas. La violencia de género afecta a todas las mujeres por igual, pues el machismo no distingue de edad. 

Las mujeres mayores, al igual que otros grupos etarios, están expuestas a la violencia de género y sexual. Un estudio español demostró que el 40% de las mujeres españolas mayores de 65 años ha soportado por más de 40 años violencia de género perpetrada por su marido, manifestada a nivel físico, psicológico, sexual y/o económico. 

Lamentablemente, una imagen aceptada comúnmente por la sociedad es que las mujeres mayores son seres asexuados y que por ende no pueden sufrir este tipo de violencia. Esta creencia, al igual que muchas otras donde se reproduce una imagen desvalorizada del envejecimiento y vejez, corresponde a un edadismo sexista y no hace más que contribuir a la invisibilización de las violencias machistas en la vejez y, por supuesto, perpetuar el ciclo del edadismo, estigma y maltrato.

Hacemos un llamado a las autoridades políticas como SENAMA y el Ministerio de la Mujer para que garanticen los derechos humanos de las mujeres mayores, quienes cotidianamente se enfrentan a situaciones que merman su calidad de vida y dignidad. Adicionalmente, les invitamos a crear estrategias preventivas para la violencia de género con un enfoque de género y derechos humanos, desde un modelo del curso de vida y con un abordaje gerontológico, que promuevan, protejan y aseguren el reconocimiento y pleno goce y ejercicio de los derechos fundamentales en condiciones de igualdad, poniendo énfasis en las mujeres mayores, tal como lo señala la Convención Interamericana sobre los DDHH de las Personas Mayores.

Por último, el llamado también va para todas nosotras, las que nos hacemos llamar feministas. Especialmente a las que, en alguna medida, le restaron la importancia que merecía este hecho abominable. No hay que olvidar que las mujeres mayores, son mujeres antes que mayores. Que muchas de las prácticas que hoy nos afectan a mujeres más jóvenes también les afectan a ellas, aunque sean una población particular con necesidades específicas. Es tiempo de comenzar a hablar de los “feminismos viejos” o “gerofeminismos” como un feminismo contra-hegemónico que despierta desde el alero de la reivindicación más profunda del envejecimiento y la vejez. Es tiempo de dar cabida a algo más que al feminismo euroblanco adultocéntrico. Porque ese feminismo termina olvidando a las minorías por la raza, identidad de género, orientación sexual, discapacidad, pero por sobretodo por edad. Las luchas están entrelazadas y conectadas y solo unidas podremos hacer frente a lo que venga.

Para leer la declaración, haz click aquí