21 de septiembre Día Internacional de la Paz y Día Mundial del Alzheimer


“Hay que haber empezado a perder la Memoria, aunque sea sólo a retazos, para darse cuenta de que esta memoria es lo que constituye toda nuestra vida”.

La anterior, es una frase del cineasta español Luis Buñuel y fue inspirada en su madre, quien fue perdiendo lentamente su memoria, proceso vivenciado por Luis y por su familia, ante el cual señaló una vez “llegó a no reconocer ni a sus hijos, a no saber quiénes éramos, ni quién era ella”.

En este día doblemente importante queremos reflexionar sobre las pérdidas de memoria y si lo vinculamos a la búsqueda incesante de la Paz, consideramos que ella no es posible si olvidamos crímenes de leshumanidad y vulneraciones de derechos que han vivido tantos grupos históricamente vulnerados como son niños, niñas y adolescentes, migrantes, mujeres, integrantes del grupo LGTBIQ+, así como las personas mayores. No se logra la Paz si no se favorece la equidad y justicia social.

En este espacio de reflexión, nos centraremos en cómo afecta la pérdida de memoria a nivel individual y cómo se puede favorecer o no un mejor estado de bienestar psicológico.

¿Por qué es importante preguntarnos qué nos pasa cuando tenemos olvidos?

La pérdida de memoria casi total, como se vivencia en el alzheimer en sus últimas fases y que fue experimentada por la madre y familia del cineasta español Luis Buñuel, es una realidad de una parte de la población. En el mundo, el 8,1% de las mujeres y el 5,4% de los hombres mayores de 65 años viven con demencia, esto es aproximadamente 55 millones de personas y se espera que al 2050 aumente a 139 millones de personas en el mundo (OMS, 2021), a pesar de esto solo ¼ de los países cuenta con una política, estrategia o plan nacional de apoyo a las personas con demencia y sus familias (OMS, 2021). Pero como se lee, no es más del 10% de la población mayor, por tanto, no toda pérdida de memoria significa que tenemos alzheimer, pero sí es importante estar alertas.

La mayoría de las personas presentan cambios y pérdidas de memoria durante la vida, todos y todas hemos olvidado un número de teléfono, el nombre de una persona o donde hemos dejado las llaves. Pero, es durante el proceso de envejecimiento que los cambios de nuestra memoria, se pueden ver y experimentar de forma más notoria. Frente a estos cambios mnésicos (de la memoria), se producen diversas formas de afrontamiento por parte de la persona que los vivencia. Desde 1994 la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Federación Internacional de Alzheimer establecieron el 21 de septiembre como Día Mundial del Alzheimer, mediante el cual se busca difundir información sobre esta condición, con el fin de generar mayor conocimiento sobre la misma, concientizar a la población, de quienes posiblemente piensan que pueden presentarla y de sus familias. Hoy 21 de septiembre, día mundial del alzheimer, los invito a reflexionar sobre esos primeros cambios y pérdidas de la memoria y su forma de afrontamiento. 

¿Qué es la memoria y por qué se ve afectada?

Uno de los cambios que se suscitan durante toda la vida, pero sobre todo durante el proceso de envejecimiento son los cambios cognitivos, es decir, aquellos “procesos mentales que nos permiten elaborar la información que recibimos del entorno y utilizarla para dar respuesta a nuestras necesidades” (Villar & Triadó, 2007). Dentro de los procesos cognitivos se encuentra la memoria, que está compuesta por subsistemas complejos, diferentes y relacionados entre sí, los que tienen como función recibir, recoger, almacenar y recuperar información (Belloch & Paredes, s/f. En Buendía, 1994). Frente a las fallas de memoria tenemos que diferenciar: 

* Las pérdidas de memoria habituales y que son necesarias, pues no podemos almacenar y recordar cada palabra y segundo de nuestras vidas. El olvido y la represión también son necesarios en ciertos momentos.

* El deterioro cognitivo leve o actualmente llamado trastorno neurocognitivo menor, alude a las pérdidas de memoria y de otras funciones cognitivas, que no implican un cambio en nuestras actividades cotidianas, pero sí preocupan a la persona o su entorno.

* El trastorno neurocognitivo mayor, que se refiere a la demencia como lo es el alzheimer, implica el declive importante en el desempeño en uno o más dominios cognitivos, incluye la preocupación propia o de otros respecto a ese estado. Dichos déficit interfieren en nuestras actividades de la vida diaria y se requiere asistencia para realizarlas. Dicho declive, se puede verificar con pruebas neuropsicológicas. Por último, estos declives no deben estar relacionados con estados anímicos como depresión o duelo, ni delirium.

No sólo los cambios estructurales y funcionales del cerebro pueden afectar la memoria, sino también los cambios en nuestra vida y rutina, como ocurre al jubilarnos, donde cambia nuestros horarios, actividades e interacciones. También ocurren cambios en nuestra memoria y funciones cognitivas, cuando tenemos una disminución de estimulación cognitiva al tener menos exigencias del medio, como ha pasado por ejemplo, durante la pandemia y cuarentenas, a partir de las cuales ha cambiado nuestra vida, los días parecen todos iguales, no hay diferencias claras entre días de semana y los de descanso, los niños, niñas y adolescentes dejaron de asistir presencialmente a la escuela, al igual que muchos y muchas trabajadores estuvieron o están en home office, además, muchas personas que ya presentaban deterioro cognitivo leve o demencia dejaron de asistir a sus tratamientos porque se interrumpieron, lo que aumentó la desorientación e incrementó el avance del deterioro cognitivo. La pérdida de hábitos, como la lectura y la escritura, las actualizaciones de las nuevas tecnologías y la dificultad de adaptarnos a ellas, así como la falta de apoyo, también inhiben u obstaculizan la ejercitación de nuestra memoria y otras funciones cognitivas. 

Por lo tanto, no cualquier pérdida de memoria significa que tenemos demencia como lo es el alzheimer. Pero, si es importante que pidamos una valoración de nuestra memoria, cuando las fallas se hacen más frecuentes, así cuando nos damos cuenta que nosotros/as o nuestro familiar necesita pedir ayuda en actividades o rutinas que antes las realizamos solos o solas.

Los estados subjetivos como el estrés, la ansiedad, los duelos y la depresión son factores que también dificultan el funcionamiento de nuestra memoria y de nuestro estado anímico general.. Junto a esto, se agrega el nivel de autoexigencia y los significados que le atribuimos a los fallos de memoria, lo que también pueden afectar el funcionamiento, sea a la hora almacenar o recuperar la información (Instituto de Salud Pública de Madrid s/f). Esto último, se da por ejemplo, cuando somos muy críticos con nosotros mismos y nos irritamos al olvidarnos de algún detalle o nos culpabilizamos. 

¿Cómo afectan las pérdidas de memoria a la persona?

Independientemente del nivel de deterioro o su causa, se observa que la pérdida de memoria es una de las quejas subjetivas mas frecuente en las personas mayores (Jódar, 1994. En Fernández-Ballesteros, 2004; Montejo, et. al., 2011) y constituyen uno de los motivos de consulta más comunes en los servicios de salud (Menéndez, et. al, 2005; Bermejo, 1999. En Lozoya, et. al, 2012). La sensación de pérdida de memoria, es importante para la persona y su entorno, porque afecta nuestra autoestima, el desempeño e independencia ante las diversas actividades cotidianas esenciales para la vida, como el autocuidado, la toma de decisiones, la comunicación, relaciones sociales, en general, la relación que tenemos, tanto con nuestro mundo interno como externo.

Cuando nos damos cuenta que nos está fallando la memoria, reaccionamos de diversas maneras y ahí se pone en juego nuestras experiencias de vida, el apoyo o no de nuestro entorno y nuestra personalidad.

Por ejemplo, en personas de rasgos obsesivos puede que sea difícil de asumir esas fallas y se torne un desafío, en el cual estén por ejemplo, contando la cantidad de veces que han olvidado algo durante el día o los segundos que demora en recordar alguna palabra o situación. En personas con rasgos melancólicos o estén cruzando un duelo o una depresión, las pérdidas de memoria son comunes e incluso esperables, pero también puede ser que dichas fallas de memoria, le afecten más aún su estado de ánimo. En otras personas que tal vez, son más impulsivas o impacientes, puede que se irriten y tiendan a decir muchas palabras o dar muchas ideas intentando recuperar la información que no encuentran. Personas de rasgos más dependientes, puede que tiendan a requerir mucho más de los demás y se vuelvan más demandantes al presentar olvidos. Por otra parte, nuestro entorno es clave a la hora de tener mayor confianza o no frente a estos fallos de memoria, por ejemplo, familiares o amistades que increpan, se burlan o son muy exigentes o no desafían a la persona a intentar reforzar su memoria, pueden inhibir o incluso favorecer estados anímicos desfavorables en quien presenta dichas quejas de memoria.

Por lo tanto, la percepción de las fallas de memoria es altamente relevante en la vida de las personas. Los olvidos no sólo afectan el cotidiano, sino también la relación con los otros y consigo mismos. Independientemente del nivel de deterioro cognitivo que tenga la persona, la percepción de que la memoria está fallando ya es un elemento a tener en consideración y puede ser de gran utilidad tanto para la persona como para quienes la rodean. 

Uno de los puntos más relevantes de las pérdidas de memoria, es tener la conciencia de que se pueden estar evaporando nuestros recuerdos, es decir, somos conscientes de que nuestra identidad puede quebrajarse, sin embargo, incluso en casos más avanzados de demencia, siempre quedan huellas de quienes somos y quienes fuimos, nuestra identidad se puede quebrar, pero no desaparece.

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Referencias del artículo

Belloch & Paredes, s/f. En Buendía, J. (1994). Envejecimiento y psicología de la salud, Madrid, España: Siglo Veintiuno Editores.

Instituto de Salud Pública de Madrid (s/f). La memoria programa de estimulación y mantenimiento cognitivo. Madrid, España: Nueva Imprenta.

Jodar (1994). En Fernández-Ballesteros, R. (2004). Gerontología social. Madrid, España: Pirámide.

Menéndez, M., García, C., Antón, C., Catayud, M, González, S., Blázquez, B. (2005). En Lozoya-Delgado, P., Ruiz-Sánchez de León, J., Pedrero-Pérez, E. (2012). Validación de un cuestionario de quejas cognitivas para adultos jóvenes: relación entre las quejas subjetivas de memoria, la sintomatología prefrontal y el estrés percibido. Revista Neurología, 54(3), 137-150.

Montejo, P., Montenegro, M., Sueiro-Abad, M., Fernández-Blázquez, M. (2011). Cuestionario de fallos de memoria de la vida cotidiana: datos normativos para mayores. Psicogeriatría, 3(4), 167-171.

OMS. (2021). El mundo no está abordando el reto de la demencia. Extráido de https://www.who.int/es/news/item/02-09-2021-world-failing-to-address-dementia-challenge

Villar, F. & Triadó, C. (2007). Psicología de la vejez, Madrid, España: Alianza Editorial.

Este artículo fue escrito por Patricia Pinto Aguilar.

Fundadora y Directora de Espacio Reconto

21 de septiembre 2021

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